lunes, 20 de junio de 2011

Rayando el sol (ll)

Al día siguiente, sábado, se levantó bastante tarde, pues no se sentía con fuerzas para comenzar un nuevo día.
Después de ducharse, se disponía a desayunar cuando la llamaron al móvil:
-¿Sí, dígame?
- ¡Prima Clara! ¿Ya no te acuerdas de tu familia?
-¡Gema!¡Cuánto tiempo! ¿Cómo estás?
-Pues ahora mismo estoy de vacaciones, y me he dicho, voy a visitar a mi prima favorita, que llevo sin verla, más tiempo del que me hubiese gustado.
-¡Qué bien! Pues, si te parece, podemos quedar para comer en un restaurante, que me han dicho que está bastante bien en cuanto a comida y servicio.
-Perfecto, pues entones estoy en tu casa sobre las dos y media ¿no?
-Muy bien, pues a esa hora nos vemos, un beso Gema. Me alegro mucho de que te hayas acordado de mi, tengo que contarte tantas cosas...
-No te preocupes que tendremos todo el tiempo del mundo para hablar, será como en los viejos tiempos. Un beso enorme Clarita.
Cuando colgó el teléfono, dos lágrimas rodaron por su piel morena. Cuando creía que todo era oscuridad y angustia, va la vida y le sorprende.
Su prima Gema es como si fuese su hermana mayor, se habían criado juntas y ella había sido su mejor confidente; pero la vida pasa y las cosas cambian; Gema se había ido a estudiar arte dramático a Madrid y ella se había quedado en Sevilla, trabajando en la empresa de su padre.
Hacía mucho tiempo que no hablaban ni se veían, pero Clara se acordaba de ella a menudo, aunque por diversas razones, que en este momento se le antojaban absurdas, no la había llamado.
Y ahora por fin se iban a reencontrar, tenía tantas ganas de verla, tantas cosas que contarle...
Necesitaba desahogarse con alguien, con alguien que le escuchase y le aconsejase; y que mejor persona que su prima Gema.
Después de ver tanto tiempo el cielo nublado, por fin se divisaba un rayo de luz.




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