domingo, 8 de noviembre de 2015

El reencuentro: Luna menguante

En la otra punta de la ciudad se encontraba la otra mitad de esta historia, Claudia.

La verdad es que no esperaba encontrarse a Tomás aquella noche, pensaba que viviría lejos, que estaría trabajando en el extranjero como siempre quiso. Se preguntó si se habría quedado por alguna chica, aunque conociéndolo lo dudaba mucho, no se lo imaginaba sentando cabeza, demasiado liberal y fantástico.
Había pasado mucho tiempo desde la última vez que se vieron, años, pero seguía igual que siempre, sólo que con algunas canas más que no le sentaban nada mal. La misma piel blanquecina que tanto contrastaba con la suya, los mismos labios finos y sonrisa perfecta, los mismos ojos con aquel color otoñal que le traían tantos recuerdos y el mismo pendiente de coco en la oreja izquierda.

A pesar de que el físico de ambos poco había cambiado, su interior no tenía nada que ver con aquella Claudia de hace 4 años.
Aquella parte soñadora, intuitiva e impetuosa quedó cautiva en una prisión con fuertes barrotes de realidad, racionalidad y precaución en su mente el día en el que él la hirió.
Su relación con Tomás nunca fue fácil, fue como una utopía al estilo de las mejores novelas románticas. Dos almas con un arjé idéntico pero a las que los dados de los dioses al rodar marcaron destinos distintos. Parecía una cruel broma de Eros el hecho de que se hubiesen conocido pues, poco tiempo después, los dos fueron conscientes de que esa ilusión no acabaría bien. Les unía un lazo inexplicable, irracional y por mucho que intentaron alejarse el uno del otro siempre volvían alegando alguna excusa, cualquiera les parecía buena para romper el silencio creado.Él representaba la parte más liberal de ella, era como el viento mismo, iba donde quería y hacía lo que le apetecía. Era lo que le atraía de él, pues una parte de su corazón anhelaba poder ser así aunque su condición era la de responsable y prudente.
Finalmente, tal y como pensaron, no acabaron bien, ya que únicamente tenían en común la atracción que sentían el uno por el otro. Por mucho que Claudia quiso volar era demasiado lo que debía dejar atrás y olvidar. No hubo suficiente polvo de hadas para los dos, así que cortaron por lo sano, precisamente porque aquello no era nada sano y de seguir sólo se habrían herido más ya que estaban estancados en una historia que no daba más de sí.

Después del desengaño, Claudia decidió que a partir de ahora jamás se dejaría guiar por su parte más emocional, que a partir de ahora sólo tendría la fortuna de obtener su cariño aquel que antes demostrase que lo merecía, aquel que la valorase realmente y que estuviese dispuesto a cualquier cosa con tal de tenerla a su lado, aquel que se diese cuenta de que tenía delante a la mujer maravillosa que ella era. Fue difícil pero lo cumplió. No fueron pocos los que intentaron saltar la muralla que se había puesto pero en vano quedó el intento, pues ninguno cumplía con las promesas que ella se había hecho, así que se iban por donde habían venido.

¿Qué habría sido de él? ¿Habría pensado en ella? ¿Sería este reencuentro una broma más del destino? La verdad era que, en ella, el conocerlo había sido un antes y un después en su vida, pero una vez superada su ausencia no volvió a pensar mucho más en él, sólo si sonaba alguna canción que les gustaba a ambos o si alguien hacía mención a su ciudad natal que era Málaga.
Esperaba que se acordase de la cita que tenían por la tarde, pues cuando se lo dijo ya había bebido alguna copa y el alcohol le podía haber borrado ese recuerdo.
La verdad es que tenía curiosidad por saber en qué había cambiado su vida y cuales eran sus planes de futuro, después de todo había sido alguien importante en su vida y, por encima de todo, la curiosidad era en ella algo innato.

Al entrar en el baño para darse su ducha matutina diaria cogió su móvil, buscó su lista de reproducción y le dio al play: "(...)What doesn't kill you makes you stronger, stronger. Just me, myself and I (...)"