Catalina volvió con sus amigas.
Emma, que había estado observándola, le salió al acecho
- Oye Cat, ¿Quién era el chico con el que hablabas?
- Pues uno que, por lo visto, tiene ganas de pescar algo
- Vaya vaya... ¿y se le da bien?- preguntó con una sonrisa picarona
- No está mal, tampoco hemos hablado mucho, sólo sé que se llama Lorenzo. Va un poco pasado de rosca ya, no me interesa hablar con él en esas condiciones.
- ¡Ay Cat! ¿Qué voy a hacer contigo? qué más da si está más o menos borracho, tú habla con él y ya se verá lo que surge... Tú lo que necesitas es otro cubata para dejar de pensar tanto y dejarte llevar.
- No pienso hacer eso Emma, nunca sale bien, o a mí al menos no, ya lo sabes.
- Necesitas vivir más el momento Cat. Le has gustado, por tu mirada sé que él a ti tampoco te ha dejado indiferente... no va a pasar nada malo porque hables con él un rato. ¡Mira, por ahí viene! hazme caso Cat por favor, verás como va todo bien.
- Hola, venía a despedirme de la chica sin nombre. Me voy con mis amigos a seguir la fiesta en otro sitio, ¿Te gustaría venir?
- Gracias, pero prefiero quedarme, no creo que tarde mucho en irme a casa.
- Vaya... No pensé que fueses tan aburrida..pero bueno, como quieras. Encantado de conocerte, que disfrutes. -dijo con una sonrisa que bien le podría haber valido para la nominación como actor del año.
Cuando ya se estaba yendo oyó su voz.
- Espera!
Cuando vio que Lorenzo se habia girado hacia ella prosiguió
- Que no me vaya contigo ahora no quiere decir que no me apetezca hablar en otro momento. Si quieres te doy mi teléfono y quedamos otro día.
-¡Perfecto! Lo apunto ahora mismo -respondió mientras sacaba su movil del bolsillo.
Apuntó los números que le dijo Catalina y lo guardó en su agenda de contactos.
-Listo! Espero que la próxima vez pueda ponerte un nombre -dijo esperanzado en que se lo dijese en ese mismo instante
- Es posible... -respondió sonriendo mientras pensaba en cómo se las ingeniaría el chico en aquella casión para que así fuese.
- Yo tambien tengo mis artimañas preciosa -dijo mientras guardaba el movil en el bolsillo y le guiñaba el ojo - Nos vemos pronto! Te escribiré! -y se fue.
- Si tus miradas matasen yo ya estaría muerta - le dijo a Emma cuando Lorenzo ya no podía oírla
- Tú sí que lo dejaste muerto cariño, después de que vino a despedirse y lo ibas a dejar irse sin más. Tenías que haberte ido! Yo te habría acompañado y le habríamos dado una alegría al cuerpo! - le recriminó justo antes de irse bailando hacia el grupo de amigos
Catalina no pudo hacer más que reírse y seguirla.
"Las mejores cosas en la vida no cuestan dinero. Dar rienda suelta a las historias que se me pasan por la mente es una de ellas"
miércoles, 22 de junio de 2016
domingo, 8 de mayo de 2016
Eclipse. Verano
Llegaste. Verano.
Seguimos. Otoño.
Terminamos. Invierno.
Ahora y siempre, primavera.
El sol preparó el escenario para su amante imposible. La luna entró en acción con gran pesadumbre, pues de nuevo terminaba un ciclo más en el que no pudo encontrarse con su amado.
Esa noche, la luna, triste y envidiosa, decidió jugar con aquellas personas a las que alumbraba. Ella no podía ser la única que sufriese el castigo de no poder disfrutar de la compañía de su amor y en ese momento, aprovechando el poco tiempo que tenía, fue cuando hizo que se vieran.
Dos jóvenes, en un pub, pasando una agradable noche de verano entre amigos, sin más preocupación que la de hacer que esa noche fuese un contínuo de risas, baile y alcohol. El reflejo de la luz sobre el pelo negro de ella en contraste con su piel, blanca como la nieve y sobre los ojos color miel de él fue suficiente para dejarlos embelesados.
La Luna sabía bien como jugar sus cartas, conocía sus habilidades perfectamente, al igual que conocía de antemano a los títeres de su obra de teatro.
Había visto, meses atrás, como cada noche ella se había dormido dejándo su almohada impreganda de lágrimas por una historia de amor que terminó. Ahora, ya superado todo, se dormía convencida de que no se dejaría engañar de nuevo por nada ni nadie.
A un par de manzanas de la habitación de la chica estaba él. El astro no había podido evitar fijarse en cómo pasaba cada noche frente al ordenador, absorto en su trabajo, para olvidar la desazón que le había dejado la última palabra de cinco letras que le dijo aquella amiga, con la que tanto tiempo había estado soñando.
Semanas después y hasta ahora, algunos fines de semana, pasaba las noches acompañado, jugando entre las sábanas a borrar con besos y caricias de otros labios, ese rechazo que se había quedado grabado en lo más hondo de su ser.
Ambos habían asumido un roll con el que afrontar la rutina diaria y pero no con el que ser felices definitivamente.
Él fue hacia donde estaba ella atraido por la luminosidad que parecía desprender.
Ella caminó hacia él atraida por la calidez y bondad que le inspiraba.
Ajenos los dos al destino que les esperaba.
- Hola guapa, ¿Qué te apetece beber? - preguntó él con su ensayada sonrisa seductora.
- Pues un whisky con limón - respondió ella mientras intentaba descifrar su enigmática mirada.
Llamó al camarero y pidió un whisky para ella y y otro para él.
- ¡Vaya! Vas fuerte, ¿Un día duro?
- La verdad es que no. Es el cumpleaños de mi mejor amiga y hay que celebrarlo por todo lo alto. Al fin y al cabo, los amigos de verdad se lo merecen todo ¿no crees?
- ¡Por supuesto que sí! El que tiene un amigo tiene un tesoro.
- Eso dicen. ¿Cómo te llamas?
- Lorenzo, Loren para los amigos, pero tú me puedes llamar como mejor te parezca -dijo acercándose unos centímertros más a ella.- ¿Y tu nombre cuál es?
- En un libro, hace mucho, leí que los nombres tienen poder. Las palabras en sí son poderosas pero los nombres son muchísimo más.
- ¿Ah sí? -respondió sorprendido a la vez que intrigado - ¿Eso significa entonces que te he concedido sobre mí un poder desconocido? - preguntó con una entonación que daba a entender que se reía de aquello pero sin llegar a parecer grosero.
- Es posible. Deberías pensar mejor con quién te atreves a conversar - le respondió, dejando un lugar al misterio que ella tanto adoraba.
- Bueno, espero no haberme equivocado esta vez, señorita sin nombre. Supongo que no le vale el precio que he pagado por invitarla, en esta calurosa noche, para revelarme ese arma poderosa ¿Verdad?
- Verdad - dijo con un sonrisa satisfecha por haberlo atrapado en su juego.
- Entonces brindemos por volver a vernos en otra ocasión en la que yo pueda tener de nuevo la oportunidad de conocer su nombre.
- Así sea.
En el cielo, la luna resplandecía llena de orgullo y malicia.
(Continuará...)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)